El misterio de la Catalepsia y el miedo a ser Enterrado Vivo

Publicado el 25 Enero 2012   Curiosidades, General

“Lo único que deseo para mi entierro es no ser enterrado vivo”. (Lord Chesterfield).

Esta angustiosa frase refleja que existe algo mayor que el miedo a la muerte, y es la preocupación de que un mal día nos encontremos dentro de un ataúd, solos, sin poder movernos, en una oscuridad completa, casi sin oxígeno y conociendo plenamente que hemos sido ¡enterrados vivos!
En todos nuestros países y en distintas épocas se han dado a difusión casos donde, aun dentro de la caja mortuoria e incluso en el mismo instante del velatorio, los individuos se levantan y, ante el susto de todos los presentes, vuelven a vivir.
Como no cuento más que con los casos que han sido de dominio público y los que he recabado en internet, sólo puedo inicialmente agregar que la mayoría de los sucesos se relacionan con una enfermedad conocida como catalepsia, parálisis de sueño o catatonia.

LA CATALEPSIA
3187857022 81de63dd8b El misterio de la Catalepsia y el miedo a ser Enterrado VivoEsta dolencia se define científicamente como el estado nervioso patológico en el que se suspenden las sensaciones y se inmoviliza el cuerpo en cualquier postura, por antinatural e incómoda que resulte. En ella, las personas mantienen el cuerpo en la posición en la cual son colocadas. Esta reacción se suele observar en casos severos de esquizofrenia catatónica, pero también puede ser inducida por el estrés o por medicamentos tales como el haloperidol.
La catatonia de Kahlbaum constituye una afección que presenta una característica clínica bien precisa. El enfermo se presenta como doblado sobre sí mismo. Si se lo elonga, su flexión es tal que toma la postura de un feto, por lo que algunos psicoanalistas explican la catatonía como un retorno al estado fetal. Esta actitud en flexión -que si queremos enderezarla se acompaña de una resistencia activa muy fuerte-, constituye el síntoma mayor de la catatonía, el negativismo u oposición al cambio de posición.
Por otra parte, el semblante del catatónico es de una palidez especial, debida a una vasoconstricción de los vasos y capilares de la cara. Si sumamos a este color terroso del rostro la desaparición de la vivacidad en la mirada, tenemos la impresión de encontrarnos verdaderamente con un cadáver. Quizás por eso, los autores españoles de la Edad Media, tales como Perera de Medina, relatan que algunos enfermos catalépticos corrieron el peligro de ser tomados por
muertos.
Algunos creen que no se trata de ineficiencia por parte de los profesionales de la medicina, sino que el fenómeno paranormal existe. Por alguna razón la muerte clínica es certificada, aun con el uso de un osciloscopio y su marca horizontal y el trazo plano. Sin embargo, el suceso se verifica luego, cuando se realizan exhumaciones en distintos cementerios, particularmente de pueblos donde no existe tecnología para determinar fehacientemente la muerte somática.

LAS DEFINICIONES DE LA MUERTE
Aunque sin duda pecaremos de falta de rigor científico, aquí se hace necesario definir las tres etapas que involucra la muerte: la clínica, la somática y la molecular.
La clínica es aquella que dictamina un médico, a través de cierto protocolo que puede incluir el uso de un estetoscopio, la reacción de pupila de ojo, la punción de encías, el vaho en fosas nasales, hasta el uso de cardioscopios
para detectar la frecuencia vital.
La muerte somática se puede definir cuando el sujeto efectivamente está muerto, pero sus órganos siguen vivos. Es el caso de los implantes de riñón o incluso de corazón. Los tejidos son conservados una vez extraídos del muerto e injertados en otro organismo.
La muerte molecular es cuando la cadena de descomposición arrastra prácticamente a todo el cuerpo y ya es enterrado vivo El misterio de la Catalepsia y el miedo a ser Enterrado Vivoimposible revertir el proceso.
La pregunta que cabe entonces: ¿Muerte dónde estás…? Con cierta propiedad podría decirse que única y finalmente en la molecular.
Pero ni las definiciones de la muerte ni la existencia comprobable de la catalepsia pueden explicar el mito tan difundido de los Enterrados Vivos, cuya inquietante popularidad parece haber dado origen al velorio de 24 horas, tal cual hoy lo conocemos.
Son numerosísimos los ejemplos que se relatan de boca en boca y ahora a través de internet. El más notable cuenta que durante el conflicto de Vietnam se conoció que muchos de los cadáveres de soldados que retornaban para ser sepultados en su país, presentaban signos de haber vuelto a la vida dentro del féretro.
Para referirme a Argentina, yo mismo he relatado en esta página la historia de Rufina Cambaceres, cuyo cuerpo fue encontrado aferrado a la reja de la bóveda familiar, intentando salir. O la leyenda del famoso animador Héctor Coire, pionero de la televisión argentina, en la que se asegura que, al ser abierto el cajón, se hallaron marcas de rasguños en el interior de la tapa y su cuerpo dado vuelta, boca abajo. También se agrega el caso de Alfredo Gath, uno de los dueños de la tienda Gath & Chaves que, como temía ser enterrado vivo, preparó un féretro que se abría por dentro y contenía una campanilla para dar la alarma.
Por último, y para dar un toque de humor a tan truculento tema, les recomiendo ser enterrados con un teléfono móvil o una Notbook que tenga las baterías bien cargadas. Si no logra llamar, envíe un mail o deje un rápido comentario… ¡Que enseguida saldremos hacia allí con nuestras palas!

Para un hombre, el peor de sus destinos es ser enterrado vivo. Así lo creía Edgar Allan Poe, quien en varios de sus relatos indago en esta espantosa forma de morir. No es para menos, imaginen por un momento la secuencia de horrores que atraviesa la infortunada victima de un entierro prematuro. Primero, un extraño despertar sumido en la oscuridad total y sintiendo el olor de la tierra húmeda. Luego, la gradual comprensión de lo que esta ocurriendo. A continuación, el pánico absoluto, el pedido de auxilio desesperado e inútil, las manos golpeando y arañando la madera. Finalmente, la mas cruel de la muertes, una asfixia lenta en la soledad mas absoluta.

Edgar Allan Poe busco en las profundidades de la tierra, allí desde donde los gritos de la agonía final no pueden escucharse, para nutrir su torturada literatura.

muertos vivientes El misterio de la Catalepsia y el miedo a ser Enterrado VivoEn algunos cuentos, el escritor se detiene en el sentimiento de culpa que atormenta a los familiares de una victima de un entierro prematuro, cuando al descubrir el error, ya es demasiado tarde. Tal es el caso de La caída de la casa Usher, de 1839.

Otros relatos también hacen referencia al tema de manera directa, como El tonel de amontillado (1846), o lo sugieren utilizando escalofriantes metáforas. El corazón delator o El gato negro, ambos de 1843, son dos ejemplos. En el ensayo Enterrado vivo (1844), Poe describe un puñado de historias contadas de boca en boca sobre sucesos que probablemente hayan sido ciertos para terminar con el bosquejo de un hombre que a causa de su mal (desvanecimientos súbitos que imitan los síntomas de la muerte) crea un ingenioso sistema que lo ayudaría a escapar de su propio ataúd en caso de despertar de pronto en el silencio sepulcral.

El director norteamericano Roger Corman, que adaptó varias de la obras de Poe al cine en los años sesentas, culminó su saga con una versión libre de este ensayo. El entierro prematuro (Premature burial, 1962) fue protagonizado por Ray Milland como el hombre de fortuna que convive con los temores mas oscuros de quien imagina el peor de los finales: La muerte a destiempo, en la hermética bóveda familiar. El film, hace un sugestivo uso de la luz y el color para las escenas de pesadilla en donde sus miedos mas íntimos parecen cobrar forma.

Uno de los efectos colaterales de los entierros prematuros fue ayudar a desparramar la creencia en vampiros en la Europa del siglo XVIII y XIX. Durante aquellos años, las epidemias de cólera que asolaron el continente provocaron millones de muertos. Cada familia que tenía una víctima entre sus miembros se apresuraba a enterrarlo por miedo al contagio, provocando una notable cantidad de equivocaciones.poe El misterio de la Catalepsia y el miedo a ser Enterrado Vivo

Los ladrones de tumbas, que buscaban joyas entre los difuntos, los encontraban en posiciones extrañas, en buen estado de conservación y con sus manos llenas de sangre. Las leyendas de aquellos que abandonaban la tumba para nutrirse de la sangre de los vivos se revelaban como una verdad que no admitía discusión ante tales descubrimientos. Por aquel entonces se utilizan rituales para evitar las salidas nocturnas de quienes estrenaban la muerte. Era común, colocar objetos o plantas cerca o encima de la tumba, llenar su boca con ajo o inclusive clavar el cuerpo al ataúd.

Para evitar errores que deriven en “claustrofóbicos finales”, el ex presidente norteamericano George Washington les pidió a sus amigos que luego de que su muerte haya sido decretada por su medico personal, esperasen tres prudentes días antes de enterrarlo.

Tantas fueron las historias de entierros prematuros que inevitablemente surgieron “ataúdes de seguridad” durante los siglos XVIII y XIX, para que la gente pudiera morirse tranquila. El primero de ellos fue patentado por el duque Ferdinando de Brunswick en 1792 e incluía la posibilidad de abrir el féretro desde dentro, para lo cual se vestía al difunto con una mortaja que poseía un bolsillo. En el se colocaba una llave, que facilitaba el escape. Por supuesto, este método solo tenía sentido para personas depositadas dentro de criptas.

Para aquellos que permanecían dos metros bajo tierra sus ataúdes contaban con una fuente de luz, la posibilidad de recibir aire desde la superficie mediante una estructura tubular y un dispositivo sonoro (campana) o visual (una bandera roja) para avisar a quien pasara por el lugar que alguien necesitaba ser desenterrado.

Estas alarmas no debían ser demasiado sensibles para que no se produjeran los “falsos positivos” es decir cuando movimientos involuntarios por acción de algún reflejo o agua de lluvia filtrándose a través del cajón provocaban la activación de alarmas y fugaz alegría de los familiares.

A pesar de que aun hoy existen en el mercado ataúdes con seguridad provistos de la ultima tecnología disponible no hay ningún registro de que alguna vez una persona haya sido salvada gracias a uno de estos mecanismos.

El siguiente video contiene testimonios de casos reales.

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